TÍTULO: La Esperanza y el laicismo
SUBTÍTULO
La carta de
Andalucía Laica Sevilla muestra como no hay remedio contra estos fanáticos cuya
promiscuidad por dañar al sentimiento religioso es bastante elevado. Desde
luego, no hay hora para hacer el ridículo.
Alto y
lejos Te veo en una lejanía de puro amor y en una altitud plena de gozo.
Mientras andas por las calles de Sevilla siempre me he fijado en el perfil de
todos tus instantes mientras Tus seis mariquillas, porque, aunque llevas cinco
la sexta es toda la gente que te ama, palpitan de Tu corazón mientras das vida
y no muerte. Eres, Macarena, la esperanza de todos los mortales. Vengo de un
pueblo lejano lleno de huertos con sus cercas y patios manchados de geranios y
rosas bermejas. En mi pueblo hay una Iglesia y un campanario desde donde diviso
Sevilla. ¡Qué recuerdos aunque ahora aquí ando cuidando a mi madre para darle
la caricia más íntima!
Pero hoy he
salido a este pasillo justo antes del amanecer para buscarte y llevarte tus
varales y tus cuatro zancos. La verdad es que el tiempo pasa, pero contigo
apenas me doy cuenta y mira cuanta gente a Tus pies. Hasta lloran los varales y
tu palio de alegría. Ya amanece detrás de este cristal, Macarena, y realmente
es tu hermosura hermana de la mañana y ya compruebo en tus ojos como desde esa
lejanía vibrante te estás acercando.
.- no corré
que no se pué corré-
Párate,
Madre, que al igual que todos los que aquí estamos, quiero confesarme a tu
lado. ¿Cuántas saetas de amor te habrán llegado por las calles de Sevilla y en
cuantas madrugadas te habré querido secar tus lágrimas de esperanza? Vaya mecía
que traías aquella mañana, pero me dio tiempo decirte allí bajo la Giralda que
te acordaras de mis súplicas y me liberarás de esta cárcel de tristeza, pero,
ante todo, que le dieras gloria a quién espera mis caricias en esa habitación,
aunque si es tu deseo llevártela hazlo en una mortaja de luna llena a tus
campos eternos del Cielo. Antes, déjame ver una vez más sus ojos, sus besos y
su olvido. Ayer mismo me dijo que no se enterara la Macarena que estaba
llegando al final y se me rompió el corazón y derramé sangre verde. Por eso
también he salido aquí a verte Macarena antes de que amaneciera, justo ese
momento en que veía por las calles sevillanas que te besaban los vencejos al
cantarte silbos momentáneos formando arcos.
¿Cuántas
veces Macarena habré llorado por ella en esa habitación al final de este
pasillo frío y baldío? Pero siempre has estado ahí dándole estrellas del cielo
y ternura en sus ojos. ¿Sabes cuándo beso a la eternidad? aquí, mientras estoy
junto a Ti. Es cierto que Sevilla está llena de elegías, pero ninguna como el
lugar donde me encuentro. Qué duro es esta entrada tan agria y firme como esos
raíles de tren que te llevan a la muerte. Al verte aquí siento que debo hacer
la genuflexión más rendida que pueda haberte hecho nunca en una madrugada.
Puede que mi acto tan sutil no lleve a nada, pero si no lo hago hasta yo mismo
me perderé en mi vuelta a la habitación.
Sólo sé que
lo que ocurra a partir de ahora será lo que Tu mandes, aunque para mi será
inexpresable y seguro que me atravesará un cuchillo finísimo cuando te lleves a
mi madre. Su muerte será inevitable pero Tu harás que mi herida sea
imperceptible. Gracias Esperanza Macarena.
.- ¿Quién
es esa mujer que está ahí pintada papá?
Tu madre y
la mía; la Esperanza de noche y de día. Y si algún día me traes por este
pasillo y me ves sonreír piensa que voy a Sus manos, sobre Su regazo y hasta
alcanzaré el loco reposo de mis sueños. Ve a Ella y dale a Ella. Es la
Esperanza Macarena.
Anda, vamos
que tu abuela te está esperando.
.-
¡Quedarse ahí. Ahí quedó. ¡Poned los zancos!
Comentarios
Publicar un comentario