TÍTULO: Llega el jartible sevillano
SUBTÍTULO
Procure no rebatir al
jartible porque puede llevarle a lamentarse si se enfrenta a verdaderas plumas
cofrades con el traje de jartible.
Ahora que ya han pasado
los pestiños y los roscones de Reyes, el sevillano enfila su próximo objetivo
por el que nunca ha sido del todo comprendido en otras ciudades españolas y por
el que Unamuno los definió como “fríos y finos”. El sevillano toma en estas
semanas más inmediatas la definición propia de crisálida para llevar a cabo su
propia metamorfosis y se convertirá en un ser con una indiscreción que no
tiene límites y le marcará con todo lujo de detalles cada uno de los cuadros y
marcos que dibujará el lienzo de la próxima primavera sevillana: la Semana
Santa. Ya está a punto de nacer el jartible cofrade y sevillano. Es el
mismo que acaba de guardar en una caja de zapatos a los pastores, mulas, San
José y María, las luces, etc. y que mañana abrirá el cajón de la cómoda para
controlar sus estampas de Cristos y Dolorosas de la ciudad y que subirá a una
silla para abrir el altillo del armario y cotejar el esparto, el capirote y
hasta los imperdibles necesarios (que se creían perdidos) que le harán falta
dentro de pocas semanas.
Por la fecha que le
estoy dando, mismamente usted, debe estar ya avisado que pronto, muy pronto,
tendremos las primeras igualás y en los desayunos volveremos a hablar del
secreto de la nueva saya, el resultado de una restauración y de ¡bendito país
recaudador! del IVA (enésima puya a Andalucía) que se clavará a las sillas de
la carrera oficial; ya saben, Hacienda somos todos.
E igual que Moratín
cuando visitó la Catedral de Sevilla la definió como “Iglesia grande y gótica”,
prepárese para ver las varas paseando en la nocturnidad sevillana de un
lugar a otro porque seguramente en cualquier aposento donde usted se
encuentre le llegará el jartible pregonando los nuevos varales de la Hermandad
y la invitación, realmente una obligación, de acompañarlo una tarde noche a la
limpieza de la plata.
Comienza el tiempo de la
mayordomía y los sablazos a
aquellos hermanos más pudientes porque este año es necesario arreglar ese
guardabrisa que el pasado crujía demasiado o que la junta de gobierno ha decidido
colocar un nuevo y mayor exorno floral. En cuanto acabe usted de tirar la
caja del roscón de Reyes ya le está esperando su anuario en el buzón y que
abrirá ansiadamente buscando su solicitud de papeleta de sitio. Sevilla es así,
profesionales empalmadores de eventos y tradiciones.
Sevilla empieza, no lo
olvide, a convertirse en un convento de clausura donde el incienso perfumará
cada rincón de la ciudad y el azahar (lo que nos quede después de la propuesta del alcalde de la ciudad)
comenzará a desperezarse. Y ese jartible aprovechará para quemar incienso
en los zaguanes de casa o en el propio lugar de trabajo, aunque los más
espabilados recurrirán al sacristán para que les deje unas cuantas cucharadas
del incienso de su hermandad. No se agobie si, además, el jartible le recibe
en su casa con marchas de palio mientras en la encimera de la cocina ya
tiene plantada (como acabada de una larga chicotá) la primera barra de
rebanadas para hacer torrijas; no se apure que ya vendrá una nueva metamorfosis
después de la Cuaresma.
Le llegará también el
tiempo del jartible invitándole a decenas de pregones donde hoy en día la elección que se hace
del orador está más bien lejos de sus conocimientos en cofradías y cerca de
otros matices. No se sofoque pues ya le advertí que la crisálida del jartible
no tiene fin y algunas, puede que sus más allegados, son totalmente
vocacionales. A lo mejor es que en Sevilla sobran pregones y falta más
literatura sevillana que enseñe a ser cofrade.
El jartible sevillano
cuando acaba su metamorfosis navideña se convierte ante nosotros con esa
morfología fácil y a la vez seductora del que presume de tener todos los
pregones de la Semana Santa sevillana, clasificados por años y del que sabe
recitar fragmentos de todos.
Si usted no tiene el
título de jartible ni es medianamente entendedor de la materia, no se le
ocurra intervenir en una sobremesa afirmando que la Semana Santa sevillana es
un “conjunto de eventos de múltiples enfoques y apariencias” porque al
jartible le subirá la tensión ante ciertas manifestaciones y su análisis (por
muy compadres que sean) excluirá cualquier generosidad comprensiva y
dudosamente medirá sus palabras; por eso debe ser humilde aunque entiendo que
la humildad se depura con los años.
En definitiva, relájese
y no se preocupe que con los años adquirirá la experiencia de tratar a un
jartible cofrade y sevillano.
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