TÍTULO: Fallece Magdalena Sevilla, una
histórica de la ciudad.
SUBTÍTULO
El atentado contra Magdalena Sevilla le ha costado la vida ¿Por qué nunca
sabrá el ojo del alcalde el tesoro que hay escondido en la historia de la
ciudad?
Hace una semana los
sevillanos conocimos la triste noticia de que Magdalena Sevilla había fallecido
desgraciadamente después de toda una vida dedicada en cuerpo y alma a la
ciudad. Magdalena, como se le conocía familiarmente al finado, falleció después
de una corta pero intensa enfermedad entre sufrimientos y dolores, pero con la
alegría de sentir el eterno y cariñoso abrazo de todos los sevillanos.
Histórica mujer de
Sevilla, contadora de miles de historias y testigo de las más viejas y hermosas
narraciones de esta ciudad durante siglos, era siempre vista en la misma boca
del centro de Sevilla justo en el inicio de la calle Rioja. Magdalena ofrecía a
quién se le acercaba no sólo el aroma del patrimonio y la esencia sevillana
sino, además, el frescor y la alegría que desprendía ella misma a todas horas
siendo moqueta fina para los pies de un tal Martínez Montañés que por allí
anduvo de jovenzuelo. La enfermedad le vino de forma apresurada a manos del
Ayuntamiento hispalense, el cual, en aras de convertir el patrimonio en zonas
que bien podrían pertenecer a una plaza de Moscú, no sólo provocó la enfermedad
sino el fallecimiento de doña Magdalena Sevilla.
Con este fallecimiento,
el Ayuntamiento hispalense a través de su Gerencia de Urbanismo ha demostrado,
una vez más, como se desprecia el patrimonio de la ciudad intercambiándolo por
dinero fresco en la caja urbanística para que franquiciados hoteleros puedan
disponer de su memoria. Por su parte, los sevillanos pedirán responsabilidades
patrimoniales al Ayuntamiento por este descarado asesinato, y harán próximamente
un acto de recuerdo en memoria de Magdalena Sevilla colocando varias coronas de
flores y guardando un minuto de silencio en el mismo lugar donde Magdalena
vivió y dio cobijo a tantos sevillanos y foráneos durante siglos. Muere el
romanticismo y nace el modernismo del velador invasor tras su alianza con el
Consistorio sevillano.
El responsable de este
homicidio patrimonial no nos vencerá desde luego porque si para visitar a
Magdalena Sevilla se iba desde primera hora de la mañana con chaqués, pamelas y
sombreros de copas, desde su reciente inauguración no se ve a mucha muchedumbre
y, ni siquiera, entusiasta. Ratificamos, con ello, que este Ayuntamiento sigue
con su congestión nasal debido al calor, y en vez de querer oler bálsamo de
Sevilla, se dedica al olfateo de una caja con dinero urbanístico.
Por supuesto, después de
esta tragedia, el “espadismo” en Sevilla ha traspasado una línea sagrada para
la ciudad; es, por tanto, otra forma más puerca de tratar a nuestros históricos
como Magdalena Sevilla. Son los mismos que por un lado encienden hachones cantando
a Sevilla mientras, por el otro lado, vitorean de forma rítmica a un
republicanismo de destrucción total de la ciudad. En Sevilla, el crimen de
Magdalena Sevilla ha servido para recordarnos que a una y a otra orilla de
Sevilla no existe un pequeño remanso de paz donde nuestra historia y patrimonio
esté por encima de esa corte versallesca que habita en Plaza Nueva.
Lo próximo será
desmontar el puente de Triana y toda la calle Betis para hacer allí una playa
municipal con el nombre de María Trifulca mientras incompetentes responsables
izarán las banderas azules y, encima, gozosos cada mañana de sus hechos.
Magdalena Sevilla, nuestra plaza, falleció la pasada semana de manos del
Ayuntamiento hispalense; no lo olvide. Porque, además, para el Consistorio usted,
sí, usted, sevillano, no tiene ningún derecho a quejarse. A ver si los
responsables políticos de esta ciudad se enteran que a Sevilla se le ama y no
se le odia aunque algunos prefieren, desgraciadamente, mofarse de ella y
de nosotros.
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