TÍTULO: El sarpullido de Juan con Sevilla
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A nuestro alcalde Juan le causa espanto pensar que no hará la mudanza a San
Telmo en los próximos meses y, por ello, deja a Sevilla al son de la música para
que se las arregle mientras él recorre Andalucía en su carrera desesperada por
el estrellato del socialismo andaluz.
Queda claro que el
sarpullido es un área de la piel que está irritada o inflamada. Y algunos
sarpullidos, además de rojos, pueden conducir a ampollas o partes de piel en
carne viva. Pero este es precisamente el peligro de Juan, alcalde sevillano y
candidato al PSOE andaluz, dejando a Sevilla en carne viva y es que, la verdad,
no es nada fácil ver al alcalde sevillano por estas calles. Ya en plena Semana
Santa se fue a Málaga a visitar hermandades, durante todo el mes de abril hizo
kilómetros pugnando con la trianera Susana Díaz y ahora resulta que presenta su
candidatura a la Secretaria General del socialismo andaluz en la misma capital
de Granada. Parece que dejamos Sevilla sólo para fotos y bienaventuranzas de
proyectos que únicamente aguantan el papel. Así que desconozco cuál será el
sarpullido de Juan con esta Sevilla la cual, además de ser pagadora de su
nómina, le ha llegado en este pasado fin de semana esa vitalidad de la que
puede hacer acto de enmienda -qué no presumir- a la vista de la inconsciencia
de estos grupos de jóvenes en la Alameda.
Queda claro que a
nuestro Juan no le agrada la idea de que los sevillanos sepan que se está
dedicando a otras cosas que no son propias de la ciudad así que todo lo que
huela a comicios internos del socialismo andaluz se lo lleva fuera de Sevilla.
Es como si Juan se avergonzara de no haber tenido todo el heroísmo de decirle a
la ciudad que recoge velas y que nos zurzan. O, a lo mejor, es una forma de no
desgastarse en la ciudad si, finalmente, Susana Díaz le gana el pulso. Juan
está como loco por cambiar de aires y en vez de dirigirse a la Plaza Nueva con
el coche oficial, lo haría al Palacio de San Telmo...también en coche oficial.
Y si para ello tiene que convertirse en betunero para sacarle lustre a los
zapatos de los afiliados socialistas, hágase.
Menudos meses de
desamparo nos queda en esta ciudad mientras Juan da rienda suelta a su larga
ruta de conferenciante por toda la región andaluza porque, ciertamente, su
juego político dedicado ahora al apostolado socialista deja una ciudad
descabezada que sobrevivirá a base de un fin de toque de queda (por ahora) y la
posibilidad de ir a las playas cada fin de semana. Sevilla vuelve a ser, una
vez más, ese trampolín que todo político quiere sobar, de ida o de vuelta, para
su propio beneficio. Es el efecto clínex por pura definición.
Pocos políticos se
enteran de que esta ciudad no es zumba, guasa -fina o gorda- y lunes al Sol
porque al igual que Juan prevé “un fuerte viento de cambio”, la ciudad necesita
que se reactive y que no se juegue con la frivolidad de exponer las virtudes
del socialismo andaluz fuera de Sevilla mientras aquí nos peleamos con las
botellonas, la destrucción del patrimonio, el casco antiguo de la ciudad, el
estado del viario, la limpieza, la seguridad, etc.
Sevilla no quiere vivir
de proyectos mientras, con disimulo, un día tras otro, el máximo representante
se marcha de excursión. Anda que si las palabras de Juan “unidad, ilusión y
cambio” o “aquí no sobra nadie” las llevara a cabo en Sevilla, otro gallo
cantaría. Pero entre mitin y mitin a lo largo de toda Andalucía (a excepción de
Sevilla) esta ciudad sigue en una soporífera vida mientras comprueba como otras
ciudades europeas se están poniendo las pilas para reactivar su economía.
Quizás será que este Juan se nos ha aburguesado conformándose únicamente con
que la Alameda ya tiene vida propia y el centro de la ciudad vuelve a estar
plagado de botellonas incontroladas, pero Sevilla necesita otra agua medicinal
que la salve de su destrucción del patrimonio, empleo, proyectos vitales para
la ciudad, seguridad, etc.
a Juan le divierte
-parece- sus travesuras con Susana mientras la ciudad se queda sin timón. A
Juan ya le pesa y le aburre la corte sevillana y, por eso, su muestra de
alegría a borbotones, de júbilo y distracciones quiere hacerlas fuera de la
ciudad porque Sevilla ya ha sido utilizada; Sevilla ya no le vale. Luego,
cuando la ciudad se quede en cuadro, empezarán a llegar nuevos candidatos de
los cuales muchos confunden el recato con la altanería, la creación con la
indolencia y la sabiduría con el desdén. Te animo sevillano que a partir de
ahora distingas a los políticos por su materia, la causa por la que desembarcan
en Sevilla y el significado real de sus palabras.
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