TÍTULO: El coherente Monteseirín
SUBTÍTULO
Lo más
bello y honroso para una ciudad es que un alcalde muestre coherencia con sus
decisiones y no sean malos encantadores del malabarismo municipal.
Puede que
uno de los elementos más desconcertantes durante el mandato de un alcalde sean
las conclusiones que obtiene de sus vecinos. Porque es en ese marco de
dificultad donde se pueden encontrar reflexiones de todo tipo: desde el me
gusta hasta el ya es hora de que se vaya. Todo es perdonable o acusable, pero
desde luego lo que el ciudadano quiere de sus alcaldes es que sean coherentes
con sus ideas políticas y de ciudad. En Sevilla, hemos tenido de todo. Desde
estrategias interesadas para perpetuarse en el sillón presidencial, hasta
encefalogramas planos pasando por ese juego del escapismo y del veo veo. Pero
como les decía, la palabra grabada en mármol es coherencia porque de esta
forma, el alcalde se convierte en un creador para la ciudad, incluyendo, eso
sí, los actos nefastos que hipotecan la ciudad durante una o varias
generaciones. Siguiendo esta reflexión tan básica, podemos determinar que el
exalcalde Sánchez Monteseirín fue uno de esos coherentes de la ciudad.
No quiero con
esto, amigo lector, hacerle el prólogo de una vulgar historia a un exalcalde
que en su última etapa consistorial fue conocido por sus vecinos como “el
desconocido” sino, más bien, contribuir a mi Sevilla con una sencilla y
delicada fábula procurando no fatigarle. Dicen que un día, el exalcalde empezó
a sentirse forastero en la ciudad que gobernaba, salió al balcón de su despacho
y preguntó a Sevilla si lo reconocía. Pero ante el silencio como respuesta, le
dijo a Sevilla que serían años futuros de grandes proyectos y así se lo dijo al
pueblo. Fue coherente con su promesa porque a los pocos años emergieron obras
faraónicas como Las Setas de la Encarnación, la Torre Sevilla o las primeras
peatonalizaciones por Real Decreto. Proyectos que, algunos, han hipotecado a la
ciudad por varias generaciones. Una Setas de la Encarnación de las que estamos
todavía pagando millones en sentencias desfavorables y que hasta el
Ayuntamiento ha perdido la cuenta. Una Torre Sevilla que implica un caos
circulatorio en la entrada a la ciudad, una sobreexplotación comercial en
detrimento del pequeño comercio y la ruptura del pacto no escrito de que ningún
edificio en Sevilla fuese más alto que la propia Giralda, única con derecho
para velar por nosotros. Y unas peatonalizaciones que llevaron a la protesta
vecinal (como ahora en la Avd. de la Cruz Roja) o la negativa del barrio de
Triana en la peatonalización de la calle San Jacinto y que, aún 10 años
después, sufre sus consecuencias en la movilidad diaria de los vehículos. Ya
ven, grandes proyectos en coherencia con su política municipalista de la que
pasarán varias generaciones antes de reponernos de la losa económica que
supusieron.
Ahora,
después de aquello, nos toca un alcalde pedáneo que saltó al ruedo hace unos
años para ejercitar sus habilidades. Pero queda claro que aquella imprudencia
del espontáneo hizo que sus propósitos para Sevilla no sean coherentes puesto
que en su primer mandamiento se encuentra aquello de quien se mueva no sale en
la foto. Y es que intentar vender a Sevilla como ciudad modelo en movilidad
para luego seguir ejerciendo como muletilla de quien tiene el dinero para
completar la SE 40 vacilándonos por enésima vez, o ejercer como presidente de
la Comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático del Comité Europeo de Regiones
en una ciudad con casi 25.000 alcorques vacíos, o anunciar la ampliación en
superficie del Metrocentro para posteriormente dejar entrever que todo depende
de los fondos europeos, o arrojarse a la plaza para solucionar la Gavidia,
Altadis o las Naves de San Jerónimo para terminar blandiendo en tablas quedando
todo como está, o redescubrir el juego de Jumanji al prometer la creación de 10
aparcamientos subterráneos en la ciudad cuando lleva 8 años haciendo la misma
promesa, o anunciar ayudas y apoyo al comercios del centro de Sevilla para
luego implantar un modelo de movilidad que no permitirá acceder al casco
antiguo, o hablar de Sevilla como modelo de patrimonio mundial cuando luego es
capaz de destrozar lugares como la Plaza de la Magdalena, o difundir su amor al
patrimonio sevillano cuando luego agradece la compra al mejor postor para el
levantamiento de hoteles al por mayor, o cuando el pasado día sacó de la
chistera su último secreto publicando un proyecto de modificación de las líneas
del metro por otro de metro en superficie atravesando la ciudad aunque para
seguir tocando los bemoles luego dijo que buscaba alternativas (¿ahora que la
Consejería de Fomento está actualizando los proyectos de las líneas?) etc, etc.
no es ni mucho menos ejercitar la coherencia como alcalde. Por tanto, ya ven
señores que si les pregunto cómo va Sevilla, me dirán que, como el coche de San
Fernando, unas veces a pie y otras andando.
.- Papá,
¿sigo tocando las campanas o hay otro campanazo mayor?
Pues toca
bien alto hijo mío porque en el vals de la incoherencia y la imprudencia
tenemos el último episodio donde se ha ninguneado, chuleado y vacilado a una
provincia cuando en una zalamera reunión con el Ministro de Fomento nos han
dado el rejón de muerte confirmando que nos quedamos sin túneles bajo el río
para terminar la SE 40. Ah, eso sí, proyectos aceptados en Cataluña y País
Vasco. Lo dicho, coherencia con la ciudad Sr alcalde, aunque sea dilapidando el
dinero de los sevillanos por muchos años como su antecesor Monteseirín. Al fin
y al cabo, de alguna manera tendremos que valorar su gestión en el Ayuntamiento,
aunque, y ya se lo adelanto, su trayectoria contradictoria, hasta ahora, me
lleva al espanto.
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