TÍTULO: ¡Arriba las manos que llega
la Feria de abril!
SUBTÍTULO
Tras el
éxito mediático del alcalde con el asunto y su fiasco final, ahora querrá
montar la Velá de Santa Ana de Triana en plena Plaza de San Francisco y salir
en más portadas.
No acababa
la canina de tener su minuto de gloria la pasada Semana Santa cuando el
Ayuntamiento sevillano puso en marcha su particular calle del infierno en el
recinto de Los Remedios y, además, durante todo un mes (¡quién dijo miedo!).
Pero como la caravana de la cordura y la conciencia municipal va torpemente
lenta, completamos el mes montando un sucedáneo de recinto ferial en pleno
epicentro de Sevilla haciendo una llamada a todos los vecinos del municipio y
de fuera del mismo para que se pasen por allí. De este modo, a golpe de
martillo de fragua, este Consistorio nos va anunciando, y sarcásticamente hasta
felicitándonos, de una nueva ola; la cuarta.
Queramos o
no, Sevilla sucumbirá definitivamente al estado idiota de organizar una Feria
de abril cuando no existe tal Feria. La publicidad vieja y caduca que quiere
hacerse este Ayuntamiento a base de provocar enésimas olas pandémicas en la
ciudad es el resultado que corresponde a Sevilla para alcanzar mayores cotas de
protagonismo político. Nadie dice hacerse responsable de esta barbaridad de
abril como nadie (y menos el ayuntamiento hispalense promotor de este engendro)
se hará luego responsable del aumento de contagios. En estos últimos días se
está observando un repunte de contagios entre el alumnado de la Universidad de
Sevilla así que imagínense ustedes lo que puede ocurrir a primeros de mayo.
Como estará la cosa que hasta la asociación de hosteleros se ha desmarcado del
desmadre, aunque, eso sí, decorarán sus establecimientos de forma ferial.
Esta ciudad
es tan vieja como rica en conocimientos pero, a veces, está muy cansada y se le
vence fácilmente ante estos atropellos consistoriales porque aquí muchos no se
enteran que Sevilla y Andalucía están en época de pandemia y que al sevillano
lo que le importa es salir del desempleo y del COVID. El resto es palo y
zanahoria para que sigamos viviendo de la subvención, la fiesta y el
farolillo.
Al final se
pretende lo que no es, digan lo que digan, porque el montaje fiestero que se ha
instalado en la Plaza de San Francisco será una de esas mamarrachadas que
impulsan los alcaldes cuando creen tenerlo todo controlado. Hasta el propio
Consejero de Sanidad andaluz le ha dicho al alcalde que mal camino lleva la
iniciativa y, un minuto después, ya se estaba retractando el Consistorio de
algunos de los planes como las actuaciones al aire libre. Es decir, el alcalde
sevillano, ya en calidad de Dios supremo del socialismo andaluz, no ha dado
marcha atrás hasta que se lo ha dicho la máxima autoridad sanitaria de la Junta
en persona. Es lo que se dice pasar del esperpento para llegar al ridículo porque,
para más inri, los actos no se anulan, sino que se aplazan.
En
definitiva, la Feria de abril del 2021 del alcalde Espadas se quedará en otra
bulla de fin de semana con la hostelería llena, aunque la realidad política
municipal socialista dirá que este Ayuntamiento ha sabido hacerle un pulso en
toda regla a una Junta de Andalucía. Incluso ayer, el alcalde Juan Espadas ha
pedido a las autoridades sanitarias “mayor claridad” sobre las nuevas
restricciones sanitarias. Como verán, todo un derroche de hipocresía al
servicio público.
Supongo que
el amor que profesa este alcalde a la ciudad de Málaga fue lo que le llevó a
visitar sus templos en plena Semana Santa (lo que usted mande camarada Sánchez)
y le dio la idea de una Feria en el centro de Sevilla; a ver si también se trae
la limpieza y la seguridad ya que estamos. Pero, acuérdese sevillano, que si se
contagia de COVID, el alcalde de Sevilla no ha tenido la culpa ni tampoco la
hostelería. Quizás tampoco usted, así que se la echaremos a Snoopy y a Mafalda.
Por todo
ello, no busquemos pretextos a la celebración de una Feria de abril que desde
sus comienzos nació capada de sensatez incitando a vestirse de flamenca o de
corto a sus vecinos durante esos días como si la ciudad se convirtiera en una
película de Berlanga; sólo quedaría que el alcalde pasara con el coche
descapotable por la Avd. de la Constitución a lo Bienvenido Mr. Marshall.
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