TÍTULO: Triste TUSSAM sin consuelo
SUBTÍTULO
Coger un TUSSAM hoy en
día es de una heroicidad permanente. Sevilla quedará siempre huérfana sin un
digno transporte público.
El servicio de autobuses
TUSSAM da en muchas ocasiones para que la tinta de la pluma con que escribo mis
artículos se agote antes de comenzar mi recorrido tras una parada de regulación
o en la misma marquesina esperando su llegada. Desde hace ya bastante tiempo, TUSSAM
no anda bien (nunca mejor dicho). Y es que la puntualidad deja mucho que
desear, cosa que ya tiene su gravedad, pues normalmente los usuarios tienen
unos lugares donde dirigirse con puntualidad establecida.
Me parece un error que
el servicio público de transporte municipal, TUSSAM, no cumpla con su
elemental obligación de funcionar correctamente que es, en definitiva, la
cualidad aprovechable para cualquier usuario de la ciudad. Pero si ya es un
desvelo que el funcionamiento no sea el adecuado, más lo será tener nostalgia
de los tranvías tirados de caballos y la angustia de encontrarnos en las
paradas a más gente que un Black Friday en un centro comercial ¿Que ocurre
con TUSSAM en Sevilla?
A veces el enojo es tan
enorme, que sentimos, por este orden, alegría (al llegar a la parada), angustia
(cuando olemos el atraso) y desesperación (cuando el reloj marca la hora que
sabemos que no debería marcar). Ahí tienen la línea 13 que ha sido la base del
dicho popular sevillano “tardas más que el 13” o “das más vueltas que el 13”. Y
no olvidemos la línea 40 conocida como el bus turístico de Triana o er jartible
de Triana por todas las calles que recorre antes de cruzar el puente camino a
Sevilla. Porque en Sevilla coger un TUSSAM es saber que nos enfrentamos a
una inexactitud exacta.
No me digan que no
sufren un corte de digestión cuando tras una plácida marcha en un TUSSAM, de
repente estaciona en una parada de regulación donde, durante 10 minutos, más de
uno se acuerda de los canteros que participaron en la construcción de la
Catedral de Sevilla.
Queda claro que en
Sevilla todas las líneas de TUSSAM sufren atrasos y es una de las ciudades
españolas donde la puntuación de los usuarios es más baja. Actualmente, en 2019 circulan por la
ciudad unos 14 autobuses menos. Por eso, es justificable que en una parada
repleta de usuarios se empiece a palpar el odio al ver de lejos el bus TUSSAM
con el cartelito de fuera de servicio. Y ahí es cuando se pierde la compostura
después de esperar treinta minutos en una parada.
Conocer que este año los
autobuses de TUSSAM recorrerán unos 1500 kilómetros menos es para decirle a la
empresa que vamos a dejar de quererla si no nos atiende. Al final, los usuarios
de TUSSAM terminaremos siendo un juguete para la empresa. Es la triada que
sufre TUSSAM: menos frecuencia, más atrasos y menos líneas.
TUSSAM llega a ser tan
singular que comienza el día rompiendo las medidas de las horas porque ¿llegará
a su hora? ¿realizará una parada de regulación?¿vendrá lleno y no parará?¿me
encontraré con una larga cola en la parada? Y con esto, uno tiende a evadirse
en esa cola para pedir como primer deseo del año el don de la ubicuidad.
¿Qué hora es ya? se
pregunta uno mismo en la cola mirando de reojo al siguiente de la fila por si
le responde. Y es el momento de cantar una Salve o rezar a los Titulares para
que le eche una mano al conductor y llegue sin más demora. Después, uno entra
en la duda de si el número de línea escogido es el más adecuado y nos viene la
confusión del itinerario. Pero, de repente, y a lo lejos, vemos con alegría
como aparece ese armatoste mecánico y sonreímos y suspiramos aliviados como
cuando vemos ese primer nazareno en la calle.
Al final es cierto que
en pleno siglo XXI las demoras excesivamente largas en las paradas son inexplicables.
Intente tomar un TUSSAM en la propia Campana y comprobará la desesperación
de las largas colas de los usuarios. Da igual estar a 2º o a 40º; lo cierto
es que la filosofía de hacérselo pasar mal al usuario no cambia. Es el yugo que
parece que nos han colocado y que al final cuando ponemos un pie en el escalón
del autobús, todos exclamamos un ¡Bendito sea Dios! ¡ya era hora! (aunque luego
puede que le toque la parada de regulación). Esta es, en definitiva, la
pedagogía que nos están inculcando sobre el transporte público municipal.
Y cuando por fin
llegamos a nuestro destino, nos bajamos con una estática mirada mientras allí
dejamos a ese TUSSAM feliz y contento por su trayecto mientras no piensan que
el fenómeno TUSSAM es uno de los hechos más lamentables que puede ocurrir en
una ciudad moderna en temas de movilidad. Por eso, no intenten algunos
políticos poner una máscara en este tema para esconder la realidad. Ya sé
que no es justo, pero convénzase que ir a una parada de TUSSAM es como ir un
viernes o un sábado a un centro comercial en plena Navidad. Y así seguiremos;
no lo duden. Porque de la señora llamada gestión de mejora no nos queda ni
rastro.
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