TÍTULO: La libertad de Beltrán Pérez
SUBTÍTULO
Beltrán Pérez siempre ha tenido claro que si algo no era apropiado para la
ciudad no lo hacía y si no era verdad, no lo decía. Sólo ha mirado lo justo
para Sevilla.
La vida consiste en ir
sorteando montaña tras montaña y aunque pudiera parecer un espectáculo
emocionante y nada trivial, si nos referimos a la vida política entonces
aprendemos a sortear senderos miserables y peligrosos. En la vida política ni
siquiera puedes bailar un charlestón porque algunos se acogerán a la creencia
comunista de que este baile es la reproducción de la cópula en posición
vertical. Por eso, en la política, el hombre convive tan íntimamente con el
hombre que no hay repliegue de su personalidad que pueda ocultarse a los ojos
de los demás. Y esto, quizás, es lo que ha llevado sobre sus hombros el que dejará
de ser portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Sevilla, Beltrán
Pérez y, siempre, con total solemnidad y sin artificios.
La vida política de
Beltrán Pérez en el ayuntamiento hispalense es ese libro de bitácora que muchos
quisieran escribir pero que pocos llegan, siquiera, a olfatear las pastas.
Todavía recuerdo como un joven concejal llamado Beltrán Pérez fue el único del
Consistorio sevillano que se solidarizó con los vecinos en aquel trágico agosto
del 2003 cuando un mal vecino hizo estallar en un bloque de las Letanías varias
bombonas de gas produciendo cuatro fallecidos y numerosos heridos. Los vecinos
del bloque tuvieron que ser realojados momentáneamente en el Centro Cívico
Esqueleto y Beltrán Pérez vivió y pernoctó con ellos durante 48 horas seguidas
sin abandonar a los vecinos ni un solo minuto ayudándoles en todo lo que fuese
necesario. Por eso, estoy seguro que el único mito erótico de Beltrán Pérez
durante estos años ha sido Sevilla y sus vecinos. Siempre he pensado que el
hombre es mejor cuanto más denudo está y, ciertamente, para un hombre que ha
sabido estar tanto en la oposición como en el gobierno de la ciudad no se le
puede suponer oscurantismo en su forma de tratar al sevillano. La gallardía de
algunos puede hacerles pensar que esta decisión de dejar la portavocía se
presenta como un proscrito pero nada más lejos de la realidad pues Beltrán
Pérez siempre ha llevado por bandera esa educación política revolucionaria en
la que ha estado atento a los hechos de la ciudad sopesando y acogiendo las
responsabilidades que le tocaba en cada uno de los factores en los que ha
intervenido y se marcha como un caballero sin esconderse porque, y que nadie lo
dude, Beltrán Pérez nunca ha jugado al azar durante estos años y sólo ha tenido
como referencia construir el bien comunitario para Sevilla.
Su vida en la Plaza
Nueva le ha llevado a ver, ratificar y denunciar que Sevilla es una ciudad viva
pero que de seguir así con las actuales políticas municipales se convertirá en
una ciudad relicario, es decir, muerta. Beltrán Pérez tiene claro que no nos
bañamos dos veces en el mismo río y, por eso, siempre ha contribuido a un
espíritu de ayuda continua a Sevilla de forma minuciosa y sencilla porque cada
día la necesidad de la ciudad es diferente y porque la mejor forma de defender
a Sevilla es no parecerse -decía- a los que llegan a la ciudad con delirios de
grandeza embaucando a los vecinos y a los que siempre ha replicado con un
razonamiento justo.
Pero la política tiene
estas cosas y, de vez en cuando, se coloca una marmita a hervir para cuando
condenan a alguien cociéndose a fuego lento, aunque lo más probable es que
aquellos que han prendido el fuego ahora pueden ser los próximos en hallarse
dentro de la marmita ¿o es que alguien tiene la última palabra sobre la
política municipal? Por eso, la política sevillana actual nos lleva en demasiadas
ocasiones a afrontar las noches como las hacía Alejandro Magno: con una daga
bajo la almohada. Tal vez, Beltrán Pérez esté pagando la factura de lo que es
la política en esta provincia porque aquí, en Sevilla, de vez en cuando aparece
el megalómano de turno que se quiere hacer notar y para mostrar su valía
pregona por la calle que cuando Cristóbal Colón descubrió América, el primero
con el que se topó fue con el mismo, todo un sevillano que ya andaba por
allí.
Acaso por ese espíritu
de servidor público sin histrionismo, Beltrán Pérez deja la portavocía con el
deseo de que su grupo político no cobre notoriedad (que bastantes notas han
dado ya) en el campo del chirrido y el cotilleo. Es la población sevillana por
la que hay que gastar las suelas de los zapatos y, de eso, ya tiene Beltrán
Pérez bastantes visitas al zapatero para el cambio de suelas y tacón.
En un mundo donde la
oralidad tiende a perderse, Beltrán Pérez aprendió hace bastante tiempo el
alfabeto de la política sevillana y buscó en su trabajo diario frenar las
adulaciones y las aclamaciones, no explorando los favores que podía conseguir
de la turba sino llevar por bandera la sobriedad y la seguridad que lleven a
Sevilla a ser historia del mundo. Y aunque le ha tocado vivir en Plaza Nueva unos
años complicados, siempre se ha caracterizado por ser compañero del esfuerzo y
mantener a sus amigos sin hartazgo ni atolondramiento. Pierde la política
sevillana a un gran portavoz político que no ha pasado, desde luego, en
silencio por Sevilla y ojalá siga dando alegrías tanto a los inmortales como a
nosotros.
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