TÍTULO: El empoderamiento de Juan
SUBTÍTULO
Contra las
pugnas políticas, Sevilla debe seguir librando batallas para mejorar sus
aspectos más tangibles, aunque muchos la utilizan para un fin propio.
La
transición del socialismo andaluz con su nuevo líder Juan Espadas hace que en
Sevilla - que no en el resto de las provincias andaluzas- nos preguntemos qué
puñetas representamos en la vida andaluza y nacional. Ya fue histórico aquel
mapa de las elecciones nacionales donde Sevilla fue el único punto rojo en una
España dominada por el color azul. Pero a partir de ahora, nuestro hito
histórico pasará por ser una ciudad sin timón cuyo barco sevillano no lo dirige
nadie y la sentina está cada vez más llena. Este Juan alcalde de mirada llana,
bonachón y sin aristas al que poder agarrarse en caso de conflicto ha jugado
literalmente al escapismo y, desde hace bastantes meses, ha guardado a Sevilla
en un cajón y ha sacado la vara verde para poner orden en las filas
socialistas. Así, las portadas de este alcalde/secretario general/candidato a
la Junta de Andalucía son diarias en toda la prensa local y nacional pero
siempre por temas ajenos a Sevilla.
Porque este
alcalde que le gusta vestir sus pantalones de pitillo quiere primero
reorganizar a su gusto toda la tropa socialista -vaya tropa- y Sevilla…...ya se
verá; ha llegado el momento del empoderamiento socialista andaluz. Dicen las
críticas que la ópera Carmen recreada en estos días en el Maestranza de Sevilla
era para devolverle la entrada al espectador porque pagar para adaptaciones
LOGSE y sucedáneos no tiene mucho futuro además de quedar chabacano y hortera.
¿Pasará esto con Sevilla ahora que el alcalde se ha convertido en la Santa
Trinidad como alcalde, secretario general y candidato a la Junta de Andalucía?
El
candidato Juan no quiere perder ni un sólo minuto con su nuevo cetro porque la
hegemonía de la trianera Díaz ha sido bastante profunda durante años en todos
los estamentos del socialismo andaluz. Por eso, cuando el designio digital del
presidente Sánchez se orientó al alcalde sevillano, se puso en marcha la
maquinaria para llevar a cabo la escabechina que se aproxima a corto plazo.
Hacía tanto tiempo que Sánchez y Gómez de Celis esperaban este momento que al
alcalde sevillano le han entregado, en vez de un pendrive con la hoja de ruta,
un papiro enrollado, ligero y frágil que se guardaba en los anaqueles de un
sanchista sevillano encargado de horadar el terreno. Sin embargo, ya saben
ustedes que en un papiro igual cabe el evangelio que una tragicomedia griega y
creo que los tiros irán por esto último. Por eso, San Judas Tadeo, Santo de las
causas perdidas está recibiendo peticiones suplicatorias de todos estos, estas
o “éstes” que fueron impuestos en la lista municipal o en el organigrama del
Consistorio por la ex marquesa del Tardón al alcalde sevillano. Es hora de que
todos ellos vayan siendo eliminados -políticamente hablando- como esas hojas de
la impresora que desechamos por sucias e inútiles y no duden que la primera
será Susana Díaz con un puesto en el Senado español (ahí la llevas con un lazo
rojo Presidente Sánchez). Porque abandonar la ciudad mientras se intenta hacer
la foto de la tortilla del siglo XXI es tener el rostro como las tablillas de
adobe y lo que puede desconocer este alcalde es que el adobe es ligero, barato
pero muy quebradizo con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina.
A partir de
ahora veremos un alcalde sevillano como apéndice del gobierno central pues el
pago en especias debe llegar siempre y la lealtad es lo último que debe
perderse. De momento ya van dos justificaciones: los indultos a los políticos
presos catalanes por saltarse la Constitución y la retirada de las mascarillas.
Por el contrario -y eso afirman las últimas encuestas- el sevillano asegura que
Sevilla queda más abandonada y abonada a la especulación del sucesor papal. Mal
haríamos los sevillanos en dedicarnos a tomar botellines mientras la ciudad no
reivindica su propia iniciativa y no quedarse como mera espectadora mientras se
resuelven las cuitas del socialismo andaluz que, a la postre, afectará y mucho
a la vida de la ciudad. Asumamos la idea de que a los regidores se les debe
exigir transparencia en sus actos presentes y futuros, aunque tal reclamación
nos lleve al escándalo y a la queja.
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